Sweatshops

Printer-friendly versionPrinter-friendly version

Fábricas de Explotación

Las fábricas de explotación son lugares de trabajo donde los derechos básicos de los trabajadores no son respetados. En los EE.UU., las fábricas de explotación durante el siglo XX eran abundantes y los sindicatos trabajaron para organizar a los trabajadores y decretar legislaciones importantes incluyendo salarios mínimos, leyes de trabajo infantil, y regulaciones de salud y seguridad. Hacia los años noventa cuando el centro de atención estuvo en fábricas descritas como fábricas de explotación en países en vía de desarrollo donde las condiciones, reflejaban las condiciones de explotación durante el siglo pasado en los EE.UU. continuada aumentando. El ILRF fue una de las primeras organizaciones en los EE.UU. que tomo el asunto de fábricas de explotación en países en vía de desarrollo, y ha continuado este trabajo para más de 20 años. Además de activismo general contra las fábricas de explotación, el ILRF ha promovido el programa de Derechos para Mujeres Trabajadoras para señalar los problemas extraordinarios de las trabajadoras en fábricas de explotación.

Al principio de los años 90, en respuesta a una serie de revelaciones por los medios de comunicación acerca de las condiciones de fábrica de explotación en las industrias de ropa y calzado, las mayores corporaciones comenzaron a adoptar códigos de conducta para asegurar a los consumidores que sus fábricas protegían los derechos de trabajadores. Los códigos de conducto e iniciativas de vigilancia independientes pueden jugar un papel importante para cambiar los términos del debate en derechos de trabajo, y así prepa-rando el terreno para el cambio legal que es necesario. En particular, los códigos de conducta han jugado un papel útil al movilizar muchos consumi-dores y trabajadores para luchar para una mejor implementación de estándares internacionales de trabajo. al final de la década de los noventa, activistas estaban dejando a conocer preocupaciones sobre estos códigos que no fueron aplicados efectivamente en las fábricas. En respuesta a la necesidad para la comprobación, nuevas iniciativas fueron desarrolladas. Las corporaciones han, con varios grados del compromiso, envuelto y puesto recursos en el desarrollo de códigos y sistemas voluntarios de vigilancia.

El movimiento alrededor de códigos iniciados por corporaciones, han sido complementados por la actividad de dominio público, para presionar a los gobiernos locales para que adopten leyes de compra selectivas. Algunas entidades que sirven el interés público, especialmente universidades, han estado bajo la presión de adoptar sus propios códigos de conducta. El ILRF continúa trabajando en casos de fábrica individuales pero ha reconocido que un sistema profundamente imperfecto está en el funcionamiento, requiriendo un enfoque más ancho donde las corporaciones deben cambiar el proceso del diseño y la adquisición de bienes.

Las prácticas de compra de las corporaciones deben tener en cuenta su impacto directo e indirecto en el tiempo de horas extras extraordinario excesivo, en los pagos ilegales del sueldo, y en las violaciones de libertad de asociación. Las corporaciones de EE.UU. tienen la responsabilidad de prote-ger los derechos de los trabajadores y eliminar cualquier política compradora como horarios irrealistas de entregas, el pago que no provee lo suficiente a los trabajadores para tener un salario digno.

Además es imprescindible que las corporaciones de EE.UU. desarrollen un proceso de compromiso de múltiples actores así como relaciones profundas con organizaciones locales en áreas productoras que pueden comunicarse más efectivamente con trabajadores para identificar los problemas profundos que no son obvios desde la superficie. Las compañías como Wal-Mart deben cambiar dramáticamente sus políticas de recursos. El ILRF continuará presionando a todas las corporaciones con cadenas de suplemento globales para identificar impedimentos sistemáticos a la conformidad de las leyes de trabajo y códigos de conducta.

Una estrategia equilibrada para combatir las fábricas de explotación deben comprometer las compañías de marca donde sea posible, a través de experimentos autónomos y a hasta un extenso limitado por los programas de vigilancia. Proponemos varios pasos inmedia-tos para mejorar las iniciativas voluntarias actuales. Los detallistas deben ser responsables de vigilar sus propias operaciones y las de sus suministradores extranjeros. A los Activistas se les deben otorgar poderes para dar sanciones verdaderas para llevar a cabo cuándo compañías se encuentran violando los estándares básicos de trabajo. Para hacer esto, nosotros necesitamos presionar para que se pasen legislaciones que se hagan cumplir , y los esfuerzos de los activistas de EE.UU. deben ser complementados por esfuer-zos continuos a nivel mundial para crear un mecanismo multilateral que haga a los infractores de derechos laborales responsables ante la ley.

Finalmente el ILRF ayuda a promover las facilidades de producción que han decidido tomar un enfoque diferente donde la libertad de asociación es respetada y salarios dignos son garantizados. ILRF se mantiene comprometi-do al consumismo ético donde los consumidores de EE.UU. tienen la opción de apoyar las compañías que cumplen con las leyes de trabajo y van mucho más allá.